
La encajera
Johannes Vermeer (1632 – 1675)
Vermeer la pintó entre 1669 y 1670, apenas mide entre 23,9 por 20.5 cm. Lo que cautiva de esta obra es el efecto que causa en el observador. Pareciera que uno está ahí, enfrente de la encajera, en el mismo cuarto. Ella no se da cuenta de nuestra presencia, está totalmente concentrada en coser. A Vermeer le gustaba retratar a personas ordinarias en tareas del día. Entrar a la intimidad de su cotidianeidad. Es un mundo que podemos ver pero al que no tenemos acceso. Podemos ver los hilos blancos que tiene entre las manos, pero no los podemos tocar.
Hacer encajes, profesión femenina en la Holanda del siglo XVII, símbolo de delicadeza, virtud, precisión en los detalles. Sólo una mujer lo podía hacer. ¿El pequeño libro que está al lado de ella es una biblia? Puede ser. La habilidad en las tareas domésticas y la castidad quisieran ir de la mano.
Renoir y Van Gogh lo consideraban uno de los cuadros más bellos jamás pintado.
Observa, mira… ¿Cuántas veces has podido penetrar con seguridad en la intimidad del otro?
Hola:
también daré cambio de giro al blog… o abriré otro … voy por la cultura que es lo que nos salva … (a veces) por lo menos como una especie de oasis en medio de tanta aberración; los ataques de Israel … Y de por sí 2009 nos lo gastaron antes de que lo estrenáramos: un año que ya se terminó antes de que empezara, por los vaticionios de la debacle económica del hipercapitalismo salvaje!
Así que por salud mental y física haré también cambio de giro: mirar hacia adentro como dice Saramago; y también hacia el arte y la cultura … y por qué no? hacia lo básico.
Un abrazo Ale y Lia Till y Hoj Nivan!
Espero no haber olvidado mi ’sueco’
Lú
Likka